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Cultura Edición N°010 · páginas 3 Público

Valle Encantado de Ivacaruc

Página 3 de la Edición N°010 — Foto: archivo Curacavíve

ientras viajaba de regreso a Curacaví, se sentó a mi lado una viejecita con ansias de hablar. Me miró y dijo, “mientras viajamos, le voy a contar una historia... Mas allá de la cordillera y luego de cruzar a través del centro de la tierra, se llega a un valle escondido, llamado Ivacaruc ese es el nombre verdadero... pero es un secreto. Para vivir en este hermoso lugar, sus habitantes debían ser amantes de Sol y Luna Llena, agradecidos de los obsequios de Baco, cultivadores de la Amistad y la Buena Mesa, Amantes de la Naturaleza, del olor a tierra mojada, de la belleza de las flores, del sabor de los frutos, del golpear de los cascos, de las tertulias al calor del fuego... Antes, este valle no existía, el Magnífico Mauco y el Impetuoso Pangue vivían disputándose sus territorios, cuando el Pangue insolentemente se tomaba las tierras del Mauco, éste con furia le cerraba el camino…y así, año tras año, siglo tras siglo... solo había un lecho casi seco con aguas turbias… piedras era lo que abundaba… y aquí comienza la verdadera historia de Ivacaruc, o Curacaví… como quieran… Ambos tenían hijos, Ivac hija del gran Mauco de Vinilla y Aruc hijo del impetuoso Pangue, por supuesto la amistad entre ellos era algo impensado. Ella sólo conocía la humedad que caía del

cielo en los días de tormenta. Él sólo había tocado duras piedras a lo largo de su camino. Un día por casualidad se encontraron con una de esas lluvias de primavera, hizo que él pudiera tocar sus pies, y ella sintió por primera vez, que este líquido, en lugar de dañarle abriendo surcos en su cuerpo, la acariciaba. Comenzaron entonces a buscarse. Cada lluvia que caía él la recogía y así podía llegar a los pies de Ivac. Repitieron este ritual una y otra vez y su amor comenzó a crecer, por supuesto, a escondidas de sus progenitores. Llegó finalmente el verano y con él, las altas temperaturas y falta de lluvia. La tristeza invadió a Ivac, volvió su piel habitual, árida, seca... Aruc cada vez mas lejos y débil, no podía soportar esta separación tan injusta. Cuando ya creían todo perdido, y a fines del verano comienzos del otoño, una fuerte lluvia hizo que Aruc finalmente alcanzara a su amada Ivac. Le tocó los pies, y poco a poco, mientras llovía, comenzó a subir hacia las alturas, hacia las lomas generosas de Ivac, poco a poco hasta que finalmente la cubrió por completo, cada centímetro de Ivac estaba cubierto por Aruc. Él le refrescó la piel, y ella entibió sus aguas. En este momento y sin saber cómo y por qué, la tierra tembló, rugió, liberando tal energía que el firmamento se iluminó tanto, que todos

los seres vivientes se cegaron por unos segundos, las lechuzas blancas cerraron sus ojos, los sapos, ranas y grillos dejaron de cantar, todos volvieron a sus madrigueras, cuevas y nidos. Nadie debía ser testigo. Al abrir los ojos vieron que las montañas se habían separado, el río había tomado un nuevo curso, las flores se habían apoderado del valle, los frutos maduros habían cubierto el campo, el fuego había tomado su lugar y los vientos repartían olor a humedad y hierba fresca . Los Amantes al ver esto, supieron que, mientras este valle se mantuviera así, nada y nadie podría separarlos. El Soberbio Mauco de Vinilla quedó lejos, muy lejos del Impetuoso Pangue, ellos ya no podrían hacer nada contra el amor de ambos jóvenes. Y por esto hoy, los habitantes de Ivacaruc son amantes de Sol y Luna Llena, agradecidos de los obsequios de Baco, cultivadores de la Amistad y la Buena Mesa, Amantes de la Naturaleza, del olor a tierra mojada, de la belleza de las flores, del sabor de los frutos, del golpear de los cascos, de las tertulias al calor del fuego.” Comprendí por qué la gente de Curacaví es así… Uyyyyy llegamos a la Plaza, me tengo que bajar… y la viejecita se despide… “hasta una próxima historia”.

Publicado originalmente en la Edición N°010 · páginas 3 del ejemplar impreso.
Con el apoyo de