Curacaví un grito de Vida
Página 3 de la Edición N°009 — Foto: archivo Curacavíve
Curacaví
un grito de Curacaví, del mapudungún “cura kawin”, significa “reunión en la piedra”, “piedra del festín”, “reducción junto a la piedra”. A la llegada de los Españoles existía un grupo de habitantes a orillas del río Puangue, junto al cerro llamado antiguamente “Cerro de las Brujas“, que está detrás del cementerio actual. Estos, fueron entregados en encomiendas por Pedro de Valdivia a Juan Bautista Pastene, como lo expresa el primer documento oficial, que inicia la historia de Curacaví en 1550. Estando situado en el camino de a caballos más usado entre Valparaíso y Santiago, ya en 1553 se le llamaba camino real. Entre 1792 y 1797 este camino se hizo carretera y fue Ambrosio O’Higgins quien cambió la cuesta vieja por la de Lo Prado actual. Con la inauguración del ferrocarril Santiago–Valparaíso, Curacaví perdió mucha importancia. Tanto que el historiador don Benjamín Vicuña Mackenna decía que era “un caserío apagado y que no volvería por segunda vez a levantar”. Con la llegada del automóvil, en 1930 el general Carlos Ibáñez del Campo hace la Cuesta Barriga y pavimenta el resto del camino que, en 1954 se
acortó con el túnel Zapata, volviendo a disminuir con el túnel Lo Prado. Hoy, por la ruta 68 frente a Curacaví, transitan diariamente miles de vehículos. La gran mayoría de sus ocupantes, después de más de 150 años, opinan como Vicuña Mackenna. No escuchan su Grito de Vida. Actualmente, en 693 km², la comuna tiene 32.579 habitantes. El 64 % en el radio urbano, y el 36 % en el sector rural, que se distribuyen en cinco distritos: Curacaví, Bustamante, Lo Prado, Zapata y Carén, dedicada directa o indirectamente a las tareas propias de las antiguas haciendas del valle central. Por extensión, por vivir en el campo, su gente se caracteriza, relaciona e identifica con las tradiciones, costumbres y cultura propias de las «zonas huasas». Así, genéricamente los Curacavinanos (as), son, o somos por elección, a mucha honra, “Huasos”, o se identifican con la vida de campo. En lo lingüístico, el término huaso, o ahuasado reconoce ciertas virtudes que lo hacen digno de admiración y de orgullo como hombre típico chileno: su caballerosidad, su lealtad, su patriotismo y su valentía. ¿Cuantos de los que vivimos en “Curacaví” hemos escuchado el Grito
ida
de Vida de la “Comuna”?. ¿Cuántos creen que satisfacer ese Grito de Vida es solo trabajo de las autoridades Comunales? ¿Cuántos estiman que sofocar ese Grito de Vida, es responsabilidad del Estado? A los que habitamos en esta zona, los que hemos elegido vivir en sus distritos, se nos hace un deber escuchar el grito de vida de Curacaví. Ese grito que nos indica el deseo de Crecer. El deseo de desarrollo personal, cultural y espiritual de su gente. De la creación de fuentes de trabajo tecnificado. Del progreso económico y social como resultado de dicho trabajo. Del deseo de bienestar y prosperidad, sin perder el arraigo, las tradiciones ni su identidad. Lo que fue, lo que se ha mantenido, lo que aún no desaparece, es producto del trabajo de muchos. Curacaví tiene un potencial de desarrollo que va más allá de nuestra reconocida y popular “Chicha de Curacaví” y de nuestros exquisitos “Dulces de Curacaví”. El presente y el futuro son un gran desafío. Curacavinanos, escuchemos el Grito de Vida. La Unión hace la Fuerza.
Mario Arellano Vargas Un Curacavinano